10 errores comunes que comete la gente joven al enseñar asana a yoguis mayores

Me llamaron hoy de un estudio de yoga de mi ciudad y me dijeron: “Queremos que venga tu gente”. Tuve que preguntar: “¿Qué gente?”

“Tú sabes…” dijo ella, “gente mayor”.

“Gente mayor” puede significar algo distinto para cada persona. Puede ser cualquiera que tenga más edad que el profesor. O, como en este caso, el estudio me estaba preguntando por personas de mediana edad. De acuerdo con Yoga Alliance, hay 14 millones de estudiantes de yoga por encima de los 50 años, pero no lo sabrías solo por mirar quién va a los estudios de yoga.

Entonces pregunté, “¿A quién le estás enseñando ahora?” La respuesta fue, por supuesto, “Gente joven”.

Antes de continuar, me gustaría aclarar que hay muy buenos profesores jóvenes que están entrenados en alineación, anatomía y envejecimiento. He visto videos de YouTube y sitios de yoga pagos que son excelentes para personas mayores, donde es evidente que se preocupan y son cuidadosos con sus alumnos. ¿Qué más podría querer un yogui mayor?

Ser vistos, eso es lo que queremos.

En nuestra cultura, ser mayor es ser invisible. Las personas por encima de los 50 han desaparecido de las revistas más populares y de los medios de yoga. Créanme, lo entiendo. Hay días en que me miro en el espejo y también quiero desaparecer. Hoy, hasta los libros sobre envejecimiento y longevidad son escritos por personas de 39 años. Si eso no es ser invisible para la cultura dominante, no sé lo que es.

Los profesores de yoga que se especializan en enseñar a distintos públicos también están desconcertados y se preguntan por qué tantos yoguis mayores no se sienten incluidos. No es tan complicado: el envejecimiento tiene un conjunto particular de aptitudes y desafíos, que requiere que alguien que esté en las trincheras lo entienda y nos entienda.

Puede haber educación, pero no empatía. Y ninguna de las partes se siente vista o escuchada.

Si no estás en las trincheras con nosotros, entonces, por favor, entiéndenos: esta no es tu batalla. Puedes intentar ayudar y tener la mejor intención, es verdad. Pero si no eres uno de los nuestros, quizás parezca que buscas aprovecharte de la situación. Por ejemplo, un joven enseñándole a personas mayores sobre cómo disfrutar de su edad y de su práctica tendrá la misma resonancia que una persona muy delgada impartiendo talleres a personas con sobrepeso. Puede haber educación, pero no empatía. Y ninguna de las partes se siente vista o escuchada.

El secreto para comprender este público es este: envejecer no está mal. Es más, algunas cosas mejoran. Muchas cosas mejoran.

“La resistencia no es para las personas jóvenes”, dijo la nadadora olímpica Diana Nyad. “Estoy mejor a los 60 que a los 30. Tienes un cuerpo que es casi igual de fuerte y una mente mucho mejor”. Ella tenía razón, se convirtió en la primer persona en nadar desde Cuba hasta Florida, ¡a los 64 años!

El error que cometen muchos profesores jóvenes es asumir que no podemos. O que no debemos. O que nos vamos a lastimar. Piensan que lo único que necesitamos o queremos es un yoga suave. O que debemos ser mimados y consentidos. O que debemos utilizar accesorios. O que, Dios los perdone, nos sentiremos frustrados si no podemos hacer lo que los jóvenes pueden hacer.

NO ES CIERTO.

Tenemos un cuerpo que es casi tan fuerte como el de ellos y una mente mucho mejor. Algunos tenemos una perspectiva absolutamente distinta a las de los yoguis jóvenes. Mientras ellos quieren hacer las posturas difíciles, ¡nosotros estamos felices de estar aquí y ser capaces de hacer cualquier cosa!

¡En la madurez todo parece un milagro!

Estamos agradecidos por las posturas más simples. Cada logro alcanzado en el tapete nos parece un milagro. En cierta forma, somos la generación más fácil de enseñar, porque estamos acostumbrados a esforzarnos y tenemos el poder de la permanencia.

Nunca hubo una generación más increíble de seres humanos que la generación de los actuales cincuentones y los Baby Boomers. Hemos peleado guerras en casa y en el extranjero. Para algunos, nuestra idea de diversión es esquiar en un acantilado o hacer bungee jumping. Una persona de 56 años inventó el CrossFit, ¿puedes creerlo? Esperamos mantenernos en forma, más fuertes y vitales que cualquier otra generación en la historia.

Entonces, imagínate cómo nos sentimos cuando una persona joven nos dice “¡Ten cuidado! Despacio abuela, o te harás daño”.

La primer diferencia en enseñar “a mi gente”, es la necesidad de tener sentido común y precaución en la práctica. Esto es muy distinto a mandarnos al fondo de la clase a trabajar sobre bloques. En segundo lugar, saber que una dosis de inspiración no hará daño a nadie.

Te presento aquí los diez errores más comunes que la gente joven comete cuando le enseña a personas mayores.

1. Creer que somos débiles. Puede que no seamos tan fuertes como lo fuimos alguna vez, pero no somos débiles. Y, por favor, no nos hablen como si fuéramos tontos. Eso duele.

2. Pensar que todos queremos hacer yoga suave. Muchos somos personas fuertes y queremos una práctica fuerte. Todos, sin importar la edad, pueden utilizar el yin y el yan en su práctica en diferentes momentos.

3. Evitar las inversiones. ¡Son geniales para nosotros! Solo hay que tener en cuenta hacerlas de manera segura, por ejemplo, contra la pared. Sin embargo, la postura sobre la cabeza no es tan buena. ¡Sean cuidadosos con nuestros huesos!

4. Ir demasiado rápido. Hay muchas, muchas cosas que un yogui mayor puede hacer, pero hacer una rápida transición de una postura a otra no es una de ellas. El movimiento entre posturas acarrea tanto o más riesgo que hacer cualquier postura por separado.

5. Ignorar el core. El core pierde fuerza a lo largo del tiempo, así que debemos dedicarle tiempo a desarrollarla. El yoga suave puede aflojarnos, pero no puede fortalecernos.

6. Ubicarnos en una silla. Si no hay una razón para usar una silla, como una enfermedad o una lesión, no debemos usarla. En lugar de eso, debemos desarrollar nuestro equilibrio. Si no lo usamos, lo perdemos.

7. Ver la diversidad como algo de talla única que nos viene bien a todos. Una mujer mayor, delgada y con huesos frágiles que necesita fortalecerse tiene necesidades completamente distintas a las de una persona más grande que necesita desarrollar su flexibilidad. El único denominador en común es que ambos necesitan sentirse aceptados.

8. Pensar que ver una postura es inspirador. En realidad, es deprimente. ¿Sabes lo que es inspirador? Ver a alguien de nuestra edad hacer una postura. Si eres joven y quieres conectar con tu clase, elige a un yogui adulto para la demostración.

9. Decir “tú puedes hacerlo”. Eso no es necesariamente cierto. Quizá no seamos capaces de hacer todas las posturas, pero podemos acceder a la mayoría con accesorios y así aprender. Aprender lo es todo. Llega un momento en el que un yogui pasa de querer “hacer” una postura a querer “entender” la postura. Eso llega con la experiencia.

10. Sobre todo, eviten decirles a sus estudiantes que son “no son viejos, son sabios”. Puaj. Ser un sabio en un cuerpo joven es mejor que ser un ignorante en un cuerpo viejo. Debemos disfrutar ser nosotros mismos tal y como somos.

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Michelle Marchildon

Michelle Marchildon

Michelle Marchildon is the Yogi Muse, an award-winning author and blogger. She is the co-author with Desiree Rumbaugh of Fearless After Fifty: How to Thrive with Grace, Grit and Yoga, available... Leer más>>  

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