7 consejos para que TODOS tus estudiantes se sientan bien recibidos

Cuando comencé a enseñar yoga, mi mayor temor era no poder satisfacer las necesidades especiales que tendría cada persona que llegara a mi clase. Estaba particularmente preocupada por las alumnas embarazadas y las personas que hubieran sufrido lesiones. Me sentía avergonzada por mi falta de conocimiento, durante un tiempo creí que para poder continuar dando clases necesitaba volver a la universidad a estudiar anatomía, fisiología y medicina.

Pero con el paso del tiempo y gracias a la experiencia que reuní trabajando con embarazadas y personas lesionadas, me di cuenta de que no preciso ser experta en todo. Con algunas buenas prácticas, cualquier maestro puede hacer a que sus alumnos se sientan bien recibidos, apoyados y seguros.

Aquí te dejo algunos consejos útiles que aprendí en este camino.

1. SALUDA A LOS ESTUDIANTES CUANDO ENTREN E INVÍTALOS A COMPARTIR CONTIGO.

Soy una persona introvertida que tiende a ser tímida, tanto en mi rol de maestra como en mi rol de alumna. Pero con la práctica y el tiempo, pude aprender a presentarme cómodamente ante los nuevos alumnos y darles una cálida bienvenida a los que regresan. Esto les demuestra que se les presta atención y son valorados. Además, les brinda la oportunidad de hacerte comentarios sobre la práctica e incluso te avisarte si se encuentran lidiando con alguna afección o restricción médica.

Después de presentarte ante los alumnos de forma personal e invitarlos a que compartan contigo, puedes invitarlos a un rincón apartado del salón a los que quieran comentarte algo más. Cuando un maestro se sienta al frente esperando que comience la clase o se mantiene ocupado afuera de la sala, no hay oportunidad para que se generen este tipo de intercambios tan significativos. Saludar a los alumnos individualmente crea un ambiente de comodidad y seguridad, también les transmite el mensaje de que te encuentras disponible para ellos.

2. ESTABLECE INTENCIONES POSITIVAS PARA EL CUERPO AL COMIENZO DE LA CLASE.

Elijas o no un tema para la clase, es importante recordarles a tus alumnos que nadie conoce mejor su cuerpo que uno mismo y que el mejor maestro que podemos tener está en nuestro interior. Tú simplemente eres un guía y un facilitador en el viaje personal que cada uno de ellos está haciendo. Esto ayuda a reforzar las ideas claves del yoga: cada cuerpo es diferente, nuestras posturas no tienen que verse idénticas a las de nadie y en el yoga no nos comparamos con los demás.

Otro aspecto vital de un enfoque corporal positivo consiste en ayudar a los estudiantes a sentirse seguros. Si planeas hacer ajustes manuales durante la clase, asegúrate de contar primero con el permiso de los alumnos. Para esto existen las llamadas “tarjetas de consentimiento” que tienen dos lados y sirven para que los alumnos comuniquen claramente sus preferencias, ya que les permite cambiar de opinión durante la clase. Los recuadros hechos de fieltro verde, amarillo o rojo son otra forma directa de comunicar "sí", "pregunta primero" o "no" a los ajustes manuales.

Otra alternativa es pedirle a los alumnos que levanten la mano si desean recibir ajustes manuales. Puedes hacer esto al inicio de la clase, cuando todos estén con los ojos cerrados. Si tienes dudas, es mejor proceder con precaución y acercarte solamente a las personas que sabes que se sienten cómodas con los ajustes manuales.

3. ALIENTA A LOS ESTUDIANTES A ESCUCHARSE A SÍ MISMOS.

Aunque es probable que ya lo hayas mencionado al iniciar la clase, vuelve sobre la idea de la conciencia personal del cuerpo y de la mente. Recuérdales que la clave está en percibir y observar sus impulsos sin juzgarlos. Comprender el propio cuerpo y la mente en un nivel más profundo es uno de los mayores beneficios de una práctica de yoga.

No obstante, es común ver que algunas clases se gestionan de tal manera que el maestro se convierte en un sargento con buenas intenciones frente a una tropa ansiosa por cumplir y complacerlo. Para evitar esto, intenta comunicarte de una manera motivadora en lugar de exigente. Por ejemplo, evita los absolutos y procura, en cambio, incentivar las variantes individuales. Ofréceles múltiples opciones para las posturas sin etiquetarlas como alternativas para estudiantes "más rígidos" o "más flexibles". Haz pausas para que los alumnos puedan sincronizar la respiración con los movimientos y ten en cuenta que todos se moverán a ritmos diferentes.

En pocas palabras, evita decirles a los alumnos lo que tienen que hacer. Ofréceles opciones, sugerencias y oportunidades para explorar cómo el cuerpo se mueve, qué cosas se sienten agradables y qué cosas generan tensión. Pídeles que registren las sensaciones en el cuerpo y observen las tendencias y los patrones que aparecen tanto en el modo en que se mueve el cuerpo físico como en la forma en que reacciona la mente.

Hazles saber que la clase de yoga es un lugar seguro para experimentar.

4. SÉ HONESTO SOBRE LO QUE SABES (Y LO QUE NO)

Todos tenemos limitaciones, tanto en habilidades como en conocimientos. Además, el cuerpo humano es infinitamente complejo. Si no tienes experiencia trabajando con la enfermedad o tipo de lesión que sufre un alumno en particular, no dudes en decírselo. Hazles saber a tus alumnos que estás contento de tenerlos en clase y que esperas que sigan la guía de su propio maestro interno, moviéndose de la manera que sientan más segura.

Avísales que harás modificaciones y posturas alternativas durante la clase que pueden probar si lo necesitan, también déjales en claro que pueden llamarte si precisan ayuda. Ofréceles accesorios para usar como apoyo. Luego, en la medida de lo posible, mantente atento a observar las necesidades que surgen. Haz preguntas que sirvan de guía para tus recomendaciones. Si un alumno tiene dificultades con una postura, aliéntalo a hacer otra que le resulte más segura.

Lo más importante: si un estudiante tiene una pregunta específica relacionada con su salud, aconséjale que hable con un médico profesional. Esto lo ayudará a tomar la iniciativa para saber más sobre su situación y te liberará de una gran responsabilidad.

5. TEN MUCHO CUIDADO CON LO QUE DICES AL CORREGIR

Si vas a corregir a un alumno, procura ser discreto. Lo último que quieres hacer es avergonzarlo frente a los demás, sobre todo si está haciendo una modificación que le resulta cómoda para su cuerpo. Párate cerca y discretamente ayúdalo a encontrar la forma de ajustar la postura. También puedes esperar hasta el final de la clase y preguntarle cómo se sintió con esa postura; después de escuchar, hazle sugerencias basadas en tus propias observaciones y conocimiento.

6. DEMUESTRA TU INTERÉS.

Existen muchas formas de ayudar a que cada persona se sienta segura y, a la vez, generar un ambiente de inclusión en la sala. Llega temprano para preparar la sala cuidadosamente, procura centrarte y ofrecer tu presencia de manera íntegra a todos los que llegan. Recuerda que la energía que traes al salón determinará el tono de tu clase. Si es posible, antes de comenzar ayuda a los estudiantes a reunir los accesorios que necesiten.

Tomarte el tiempo para aprender y llamar a los estudiantes por su nombre es una de las formas más fáciles de decir: "Tú me importas". Lo mismo sucede al hacer preguntas sencillas y abiertas antes o después de la clase. Algo tan simple como "¿Qué tal ha sido tu semana?" te permitirá conocerlos mejor.

Los ajustes manuales suaves —siempre que te hayan dado permiso— también sirven para demostrarles tu interés. Savasana ofrece mucho tiempo y espacio para que los alumnos profundicen su relajación. Te permite, por ejemplo, darles a los alumnos la oportunidad de recibir una suave presión sobre los hombros.

7. GENERA OPORTUNIDADES PARA CONSTRUIR VÍNCULOS.

Esto ayuda a crear un ambiente de apoyo y a generar una comunidad más allá del tapete. Como maestro, puedes brindarte a ofrecer un espacio en el que las personas se reúnan naturalmente, ya sea antes o después de la clase. También puedes pedirle a los alumnos que compartan su nombre antes de comenzar la clase o que se presenten a las personas que estén sentadas a su lado. También puedes ofrecer talleres mensuales específicos, planificar una reunión informal para tomar un café, realizar un grupo de conversación u organizar una comida compartida después de clase.

CREAR UNA CULTURA DE APOYO

El yoga crece y se hace cada vez más popular, por lo que más personas con diferentes experiencias o condiciones llegan esperando encontrar una práctica adecuada para su caso. Mediante buenas prácticas como las que te recomendamos, puedes crear un ambiente en la clase que ayude a que todos se sientan bien recibidos, aceptados y cómodos.

Cuanto más positiva sea la experiencia que brindemos, más probabilidades habrá de que cada persona desarrolle la confianza en sí misma y encuentre una práctica regular que le resulte útil. De esta manera, podremos apoyarnos mutuamente y fomentar una comunidad cada vez más consciente.

Acerca del maestro

Vanessa Veiock is a multidisciplinary artist-mother who incorporates postures and breath into everyday... Leer más

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