Los niyamas y el cuidado del cuerpo en la meditación

Hasta hace poco me sentía muy afortunada: en medio siglo de practicar gimnasia, danza y yoga, mis rodillas siempre respondieron bien, estaban sanas y felices. Sin embargo, en los últimos tiempos, algo comenzó a cambiar. Cada vez que mi rodilla derecha tocaba el piso sentía una sensación de ardor severa. Con ciertos movimientos o cambios abruptos en la distribución de mi peso, la sensación era tan fuerte que gritaba de dolor.

Luego de probar hacer reposo, aplicarme hielo y realizar acupuntura, di con un especialista en medicina deportiva. De antemano estaba convencida de que me iba a realizar un diagnóstico impactante como los que reciben los atletas: una lesión característica, por ejemplo, de una jugadora del equipo femenino de fútbol de los Estados Unidos. Luego de varios exámenes y algunas placas, el médico se volvió hacia mí con simpatía y dijo: “Creo que sé qué es lo que te está causando dolor, se llama síndrome de la almohadilla grasa o enfermedad de Hoffa”.  

Nunca había escuchado hablar de esta enfermedad... y no sonaba muy glamorosa, ni mucho menos digna de una atleta, ¿verdad?

También hubo una segunda sorpresa. Después de conversar sobre mi estilo de vida y mis hábitos, así como revisar los cambios recientes en mis costumbres que pudieran haber afectado a mi rodilla derecha, todo parecía indicar que el motivo por el cual mi pobre almohadilla de grasa estaba tan irritada era que en los últimos seis meses había aumentado considerablemente el tiempo que pasaba sentada meditando.

¿Una lesión de meditación? ¡Imposible!

Cuando empecé a compartir mi historia con otros maestros de yoga y meditación, quedó en evidencia que no estaba sola. Como dijo un amigo, aunque meditación y lesión son palabras que parecen no tener relación, los hechos estaban mostrando el incremento de una gran variedad de problemas en las rodillas, las caderas y la espalda baja en la gente que hacía meditación.

¿Quiere decir que estoy sugiriendo que la meditación es mala para la salud, peligrosa, o que lesionarse es inevitable? No, en absoluto. Sin embargo, sí creo que es importante reflexionar sobre algunas de las razones por las cuales las lesiones de meditación parecen estar en alza.

En primer lugar, es probable que los maestros noten más lesiones asociadas con la práctica de posturas sentadas debido al aumento de personas que han empezado a meditar en la última década. Según el Departamento de Salud y Servicios Humanos de los Estados Unidos, solo entre 2012 y 2017 se ha triplicado el número de meditadores en el país.

En segundo lugar, si bien algunas lesiones —como la mía— pueden aparecer sin previo aviso (hablaremos sobre esto más adelante), en otros casos, permanecer sentados durante largo rato puede ser el detonante de una lesión en una rodilla, cadera o espalda baja ya comprometida. Ya la gente pasa demasiado tiempo sentada en su vida cotidiana, por lo que agregar otro período de quietud en esta posición (muchas veces sin que se enseñe la postura en detalle) resulta potencialmente problemático.

La meditación es, por supuesto, la práctica central en el camino de las ocho ramas que Patanjali describe en el Yoga Sutras. No en vano, los sutras definen el yoga como la mente asentada en el silencio. Las primeras cuatro ramas de este camino nos ayudan a estar éticamente centrados, físicamente fuertes y enérgicamente listos para las prácticas de meditación. Cuando se estudia metódicamente, el yoga por sí mismo nos brinda una preparación completa y profunda para enfrentar los rigores de las posturas sentadas.

La mayoría de los alumnos no tienen la oportunidad de realizar la práctica tal como lo aconseja el Yoga Sutras. Muchas clases de yoga se centran principalmente en las asanas (posturas), con algunas referencias (si es que lo hacen) a las demás ramas. Si bien el yoga de asanas puede preparar físicamente el cuerpo para sostener largo rato las posturas sentadas, al no recibir la orientación y el entrenamiento de las otras ramas la preparación queda incompleta y la naturaleza misma de la práctica se vuelve un tanto confusa.

En un intercambio de correos electrónicos que tuve con Janice Gates, profesora de meditación budista y terapeuta de yoga, ella describe un aspecto de esta confusión de la siguiente manera:


“Muchos textos clásicos de yoga fomentan la meditación en la postura de loto (padmasana) [...] Los publicistas en todas partes del mundo retratan a un meditador feliz, sentado en el suelo con las piernas cruzadas. Esta imagen se imprime en nuestra psique como "la forma correcta" de meditar [...] Me gusta recordarle a la gente que en realidad Buda enseñó cuatro posiciones para la meditación: sentado, caminando, de pie y acostado. En definitiva, la pregunta que debemos hacernos es: ¿Por qué te sientas? Si toda tu meditación se ve consumida por tus intentos de dominar el dolor en las rodillas o en la espalda, o si sabes que pagarás por eso más adelante, lo mejor sería que pruebes otra forma de meditar".

Con esta declaración, Gates señala la importancia de aplicar svadhyaya (el estudio de uno mismo), uno de los cinco niyamas u observancias internas. Los niyamas son la segunda rama del yoga y nos ofrecen orientación para relacionarnos con nosotros mismos. Practicar svadhyaya en tu clase de yoga, por ejemplo, podría ayudarte a notar cuándo tiendes a exigirle demasiado a tu cuerpo para lograr una postura. ¿Es posible que esa sensación de orgullo o tenacidad que sientes al hacer posturas como el pino esté apareciendo sigilosamente sobre tu cojín de meditación?

El objetivo en la atención plena no es trascender el cuerpo, sino encontrar una manera atenta, práctica y amigable de relacionarnos con él en la quietud, en el movimiento y, finalmente, en cualquier otra "postura" de la vida.

Buda era un yogui muy determinado, de hecho, pasó varios años castigando su cuerpo para tratar de someterlo. Sin embargo, finalmente descubrió que negar las necesidades de su cuerpo era una práctica ineficiente. Por el contrario, se dio cuenta de que la atención compasiva hacia el cuerpo podía convertirse en el primer medio para lograr la atención plena y avanzar en el camino que conduce al despertar. El objetivo en la atención plena no es trascender el cuerpo, sino encontrar una manera atenta, práctica y amigable de relacionarnos con él en la quietud, en el movimiento y, finalmente, en cualquier otra "postura" de la vida.

Los otros cuatro niyamas nos pueden dar una guía adicional de sabiduría para lograr una relación más receptiva y consciente con el cuerpo meditativo, honrándolo como el único hogar verdadero donde despertar es posible.

Tapas (la purificación a través de la disciplina) trae el fuego a nuestra práctica. La meditación en posición sentada es físicamente exigente, y la capacidad para sentarse en la práctica diaria o durante largos períodos en un retiro requiere una preparación diligente. Las posturas como las que hacemos en la clase de yoga nos aseguran que el cuerpo se encuentra físicamente preparado y que hemos despertado una atención profunda hacia él, mientras que la disciplina puede facilitar la disposición a cambiar la postura cada vez que nos sentamos, eligiendo entre al menos tres o cuatro opciones diferentes. Si bien puede resultar tentador sentarse de la manera que te resulte conocida, fácil o incluso apropiada, si siempre te sientas de la misma forma o pones la misma pierna arriba en una postura con piernas cruzadas, es posible que, sin darte cuenta, profundices patrones posturales poco sanos, aumentando el riesgo de sufrir lesiones.

Santosha (contento, alegría, satisfacción) es un recordatorio para realizar la práctica con un corazón liviano, una actitud que siempre beneficiará al cuerpo. Para Carla Stangenberg, codirectora del Centro de Yoga Jaya en Brooklyn y meditadora durante 20 años, santosha es una regla de oro. Ella encuentra que la satisfacción e incluso el placer son maneras efectivas de sentirse más cómoda en su práctica y en su vida. También es una buena forma de compensar a tapas. “Cuando mi maestro de meditación me enseñó a localizar sentimientos de satisfacción y placer en el cuerpo y a expandirlos a mi alrededor, fue una gran revelación. Utilizo esta técnica como una manera de fluir en el momento presente y así he encontrado tranquilidad y una relación diferente con el cuerpo”.

Saucha (pureza) puede ser útil para los meditadores en términos de la pureza de la motivación. Gates me escribió: “las lesiones relacionadas con la meditación sentada a menudo tienen poco que ver con problemas estructurales, postura o alineación, y todo que ver con el orgullo. En un retiro de meditación es posible notar que las personas mayores son prácticamente las únicos que meditan sentadas en una silla. ¿Hacen esto porque están lesionados? Tal vez. Pero también es probable que estén menos preocupados por lo que otros piensen de ellos y es bastante improbable que quieran demostrar algo. Tienden a confiar en que saben qué es lo mejor para sus propios cuerpos”.

Ishvara pranidhana (rendirse al verdadero ser) es el último niyama. Tara Brach, maestra de meditación y psicoterapeuta, alienta a sus alumnos a entregar sus pensamientos y a mirar más allá de sus ideas sobre cómo debería ser la vida. Finalmente, sugiere que también se puede vencer la resistencia de los sentimientos que yacen debajo de los pensamientos para poder estar en contacto con las cosas como realmente son. De esta manera, al sintonizar nuestra experiencia más directamente, tenemos acceso al cuerpo como un vehículo para el despertar y no como otro elemento más sobre el cual intentamos ejercer control.

En general, los niyamas nos invitan a un sentido de responsabilidad personal. Algunas escuelas de meditación son muy estrictas en términos de posturas, mientras que otras ofrecen muy poca orientación. A medida que la población de meditadores se expande para incluir un campo cada vez más amplio de practicantes, tal vez sea hora de comenzar a conversar sobre cómo cuidar mejor del cuerpo en la meditación.

Para mí, el dolor en la rodilla fue un llamado de atención. Regresar a los niyamas me ha recordado que debo ser más consciente de la totalidad de mi experiencia. Más específicamente, me había acostumbrado a estar siempre sentada en la postura del héroe (virasana). ¡Resultaba tan cómoda para mis sensibles lumbares que ignoré lo que sentían mis —hasta entonces— felices rodillas! 

Ahora hago una variante muy cuidadosa de virasana y también cambio a otras posturas sentadas. Presto más atención a que mi cuerpo se encuentre preparado para sentarse, sobre todo a la mañana temprano, cuando mis articulaciones crujen. Una o dos veces por semana elijo meditar caminando o acostada.

La mirada clara sobre el cuidado personal que es parte integral al camino del yoga me ha ayudado a desentrañar la interferencia excesiva de conceptos y a soltar ideas externas que parecían controlar cómo debía lucir mi práctica.

Si buscamos amigarnos con nosotros mismos en la meditación, los niyamas pueden reconducirnos a la promesa más profunda del yoga: la mente asentada en el silencio.

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Acerca del maestro

Susan Kraft is an OM Yoga certified teacher at the 500 hour level. As a former dancer, she has also spent... Leer más

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