Síndrome de hiperlaxitud articular: ¿la epidemia enigmática del yoga?

―Se llama síndrome de hiperlaxitud articular ―dijo el neurólogo.

Después de pagar una enorme cantidad de dinero por mi seguro de salud este año, consideré pedirle a mi esposo que me aplastara el pie con el automóvil, solo por la oscura satisfacción de que la compañía de seguros gastara ese dinero.

Pero en vez de eso, opté por ocuparme de tantos temas de salud como me fuera posible. Las migrañas que me han perseguido desde la infancia estaban en el primer lugar de la lista, así que hice una cita con un neurólogo especialista en dolores de cabeza.

Después de revisar mi historia clínica y examinarme, me preguntó:

―¿Puedes inclinarte para tocarte los dedos de los pies?

Me doblé por la mitad, al estilo uttanasana, poniendo fácilmente mis palmas en el suelo y tocando mi frente con mis espinillas. Me miró dos veces, tomó notas y luego me indicó que volviera a la mesa.

―Endereza el codo, por favor ―me pidió.

―¿Por completo? ―pregunté.

―Sí, por completo.

Dobló y enderezó mis codos y rodillas, pero podría haberle dicho que se hiperextienden. Él ya había visto las radiografías de las curvas escolióticas de mi columna vertebral en mi historial médico. Tiró de mi piel para probar su elasticidad.

―¿Tienes dolor muscular?

―Mucho ―respondí―. El cuello, los hombros y la espalda baja me duelen todo el tiempo. Mis articulaciones sacroilíacas son inestables y tengo un par de costillas que pueden salirse de su lugar. He tenido tendinitis en la muñeca desde la infancia y una tendinitis en el codo que aparece si no tengo cuidado.

―¿El yoga ayuda? ―me cuestionó.

―Sí, siempre y cuando sea cuidadosa. Si abuso de mi flexibilidad, luego lo pago ―respondí.

―Si empujas el pulgar hacia atrás, ¿puedes tocar tu muñeca? ―preguntó.

―Ya no. Solía ​​hacer todo ese tipo de cosas cuando era niña: tocar mis pies con la cabeza, poner mi pie detrás de la cabeza ―dije―. Era realmente flexible. Todavía soy mucho más flexible que las personas promedio, pero no tanto como algunos de mis colegas.

Soy lo que yo llamo una “persona tensa y flexible”.

Mis articulaciones son bastante móviles, muy móviles, pero mis músculos están tensos, con nudos crónicos. Soy cuidadosa cuando practico yoga, conmigo misma y con mis estudiantes, pero estoy permanentemente atendiendo un dolor u otro.

Social y políticamente estoy a la izquierda. Pero en la colchoneta, debido en parte a mi excesiva flexibilidad, soy una conservadora intransigente. Podrías decir que soy una vieja amarga.

Social y políticamente estoy a la izquierda. Pero en la colchoneta, soy una conservadora intransigente.

―¿Cuánto tiempo te llevó aprender a hacer eso? ―me han preguntado todos estos años estudiantes nostálgicos cada vez que me ven sentarme con las piernas cruzadas con facilidad. Muchas personas tienen las caderas tan rígidas que ni siquiera pueden imaginarse cómodos en esa posición.

―Siempre he sido capaz de hacerlo ―les contesto, sin buscar menospreciar las bondades del yoga.

No estoy alardeando. Mi hiperlaxitud es patológica.

El neurólogo me explicó que mis síntomas indicaban que padecía el síndrome de hiperlaxitud articular, una afección caracterizada por articulaciones que se mueven más allá de los rangos normales.

En una clase de yoga, los que tienen dificultad para tocarse los dedos de los pies pueden sentir la falta de flexibilidad como si fuera su responsabilidad, y por supuesto que puede ser así. Pero, si bien tener el rango de movimiento limitado no es lo óptimo, no es tan peligroso como tener un rango de movimiento excesivo o hiperlaxitud.

Las personas con síndrome de hiperlaxitud articular a menudo sufren de dolores musculoesqueléticos y de articulaciones y lesiones de tejidos blandos como esguinces, distensiones, tendinitis y dislocaciones. Debido a que nuestros ligamentos son inestables, tenemos una mayor tendencia a sufrir escoliosis, trastornos de la articulación temporomandibular, problemas de discos, pies planos y dolores de cabeza.

El doctor Alan Pocinki atiende a sus pacientes en el área metropolitana de Washington D.C. y ha escrito lo que, en mi opinión, es un artículo innovador sobre el síndrome de hiperlaxitud articular en el que explica: “Como (...) los ligamentos [están] demasiado flojos y, por lo tanto, no pueden hacer bien su trabajo, los músculos (...) se ven obligados a trabajar más (...) de lo que deben, por lo que se vuelven rígidos”.1

―Realmente aún no entendemos la hiperlaxitud ―me dijo mi neurólogo―. Puede ser causada por una mutación en los genes del colágeno.

Las personas con este síndrome son propensas a la fibromialgia, a la osteoartritis (que ocurre más rápidamente en las articulaciones flojas) y al dolor o entumecimiento neuropático.1

A menudo, nos hacemos moretones con facilidad y tenemos una piel inusualmente elástica y aterciopelada. Podemos sentirnos muy incómodos si estamos de pie durante mucho tiempo.

Nuestros sistemas nerviosos tienden a ser demasiado receptivos. El doctor Pocinki escribe que: “En los últimos años, el síndrome de hiperlaxitud articular se ha asociado con una variedad de problemas del sistema nervioso autónomo. (El sistema nervioso autónomo regula todos los procesos del cuerpo, como la frecuencia cardíaca, la presión sanguínea, la respiración, la digestión y la inmunidad.)” 1 Así que podemos tener problemas circulatorios como presión arterial baja, mareos al ponernos de pie, manos y pies fríos, palpitaciones, venas varicosas y, en casos extremos, vasos sanguíneos que se rompen. Además, somos propensos a problemas digestivos como el reflujo y el síndrome del colon irritable. 1

Según Pocinki, “para compensar los vasos sanguíneos elásticos (...) la mayoría de las personas con hiperlaxitud parecen producir más adrenalina”.1 Con el tiempo, la producción excesiva de adrenalina puede agotar nuestras glándulas suprarrenales, lo que provoca fatiga, dificultad para dormir, ansiedad y depresión.2  Hablando desde mi experiencia personal, estar dolorido y exhausto de forma crónica tiene un costo enorme.

Mi neurólogo continuó explicándome que esta condición también está asociada a la autoinmunidad. Eso explica probablemente mi enfermedad de Hashimoto, que es una enfermedad autoinmune de la tiroides. Dicha enfermedad me hace más propensa a desarrollar el cáncer de tiroides, por lo que me extirparon la glándula. Hecho que ocasionó que alcanzara el deducible de mi seguro de salud y también es la razón por la que terminé en la oficina del neurólogo.

Se cree que el síndrome de hiperlaxitud articular y el síndrome de Ehlers-Danlos, una enfermedad parecida, pero con condiciones más severas, son genéticos. Las mujeres son casi tres veces más propensas que los hombres a padecer dicho síndrome. De niños, nuestra extrema flexibilidad se considera adorable y es alentada, especialmente si estábamos involucrados en actividades como gimnasia y ballet.1

Obviamente, una conversación sobre el síndrome de hiperlaxitud articular es relevante para el yoga, pero nunca he escuchado que se mencione en ninguna clase ni publicación. Tengo la hipótesis de que, debido a que la flexibilidad generalmente se refuerza positivamente en las clases de yoga, hay una gran posibilidad de que encontremos incidencias más altas de este síndrome entre los yoguis que entre la población en general.

Obviamente, una conversación sobre el síndrome de hiperlaxitud articular es relevante para el yoga, pero nunca he escuchado que se mencione en ninguna clase ni publicación.

Las personas tendemos a disfrutar de las cosas en las que somos buenos. Si pienso en mis primeros tiempos de práctica, equiparaba ser flexible con ser “bueno en yoga”. Disfrutaba más de mi práctica porque sentía que lo hacía bien. Ese “éxito” inicial me animó a seguir con el yoga.

Imagina un escenario en el que un instructor con síndrome de hiperlaxitud articular enseña yoga. Las personas flexibles pueden llegar a emular un rango patológico de movimiento, mientras que los estudiantes menos flexibles o incluso aquellos con un rango de movimiento perfectamente sano y normal, pueden sentirse fracasados ​​o “malos para el yoga”.

En realidad, quizá ni tengamos que imaginar este escenario. Creo que sucede todo el tiempo.

Soy instructora de yoga, no médico, y el diagnóstico está muy lejos de mi ámbito de práctica profesional. No obstante, por otro lado, veo estudiantes hiperlaxos con frecuencia y me pregunto si tendrán dicho síndrome.

El yoga puede ser ideal para las personas que lo padecen. Es muy útil estabilizar los músculos que rodean las articulaciones al fortalecerlos a través de una resistencia liviana.

Sin embargo, es obligatorio que tengamos una buena alineación cuando practicamos las asanas y que nos abstengamos de hiperextender nuestras articulaciones. Levantar peso tampoco es bueno para nuestras articulaciones, así que es posible que tengamos que modificar las posturas para disminuir el peso. Por ejemplo, poner nuestras rodillas en el suelo en chaturanga dandasana o saltarse chaturanga por completo. Quizás tengamos que movernos más lentamente si nos sentimos mareados.

Obviamente, el yoga restaurativo, el pranayama y la meditación son un gran apoyo para nuestro sistema nervioso.

Al día de hoy, no hay cura para el síndrome de hiperlaxitud articular. Podemos tratar los síntomas pero no la causa subyacente. Dicho esto, tener un diagnóstico podría ser un gran alivio. Lo fue para para mí.

Cuando estás cansado, dolorido y estresado por bastante tiempo, es fácil considerarte como un quejumbroso o hipocondríaco. Comprender que hay razones físicas reales en juego afirma que no estoy emocionalmente frágil o loca, o por lo menos no más que cualquier otro.

Referencias

1. Alan G. Pocinki, MD, PLLC, Joint Hypermobility and Joint Hypermobility Syndrome, (2010).

2. William C. Sheil Jr., MD, FACP, FACR, Hypermobility Syndrome (Joint Hypermobility Syndrome), (4/29/2015).

 

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Bernadette Birney

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Bernadette Birney is the founder of Stamford Yoga Center . She has been helping people live more comfortably in their skin for over two decades. Bernadette emphasizes living comfortably in your body:... Leer más>>  

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