Sosteniendo la incomodidad

La incomodidad es una sensación que todos experimentamos en nuestras vidas, es aquello que se encuentra fuera de nuestra zona de confort.

La incomodidad es sentida en el cuerpo, que a su vez es un reflejo de la mente. Entender la relación cuerpo-mente es fundamental para entendernos a nosotros mismos. La mente y el cuerpo están constantemente interactuando. Recibimos información a través de los sentidos. Esa información es entendida por nuestra mente, que a su vez se activa, generando un cocktail de químicos que viajan al cuerpo. El cuerpo experimenta la información, llevando ese conocimiento de algo meramente racional a algo que experimentamos y vivimos en forma de emociones. Cuando no hay conciencia sobre ello, el resultado es que nuestras emociones son las que controlan nuestra respuesta y por ende, las que decidan nuestro futuro. 

No todos reaccionamos a los estímulos de la misma manera. La sensación de la incomodidad surge de nuestra experiencia personal y no todos nos sentimos incómodos ante las mismas situaciones, sensaciones o emociones.

Pero entendamos primero que es la zona de confort. Cuando hablamos de zona de confort, por lo general nos referimos a aquel espacio de lo que conocemos y dominamos. Este lugar, físico o emocional, aunque llamado confort, no necesariamente tiene que ser algo bueno o positivo, es simplemente algo que hemos repetido tanto que se ha convertido en un patrón o hábito por el que ya sabemos cómo navegar.

Pero la vida es cíclica y el cambio es una constante en ella, que busca a través de nosotros evolucionar, invitándonos desde un llamado interno a crecer y experimentar y para ello hay que dar el salto hacia la incomodidad.

Entendamos ahora qué es la incomodidad en este contexto. Como mencioné antes, la incomodidad es aquello que sentimos cuando nos encontramos fuera de la zona de confort, pero ¿por qué nos sentimos incómodos ante lo nuevo? Cada vez nos encontramos con más evidencias de cómo nuestra mente interactúa con el cuerpo y viceversa. Es por eso que, cada vez nos es más fácil comprender el rol de nuestro sistema nervioso, de las hormonas, las emociones y de las conexiones neuronales para experimenta tanto la zona de confort como la incomodidad que sucede cuando nos alejamos de ella.

Cuando estamos cómodos, nos encontramos en un campo donde tenemos control. Hemos experimentado tantas veces aquello que nos es familiar que sabemos cómo se va a desarrollar y podemos de alguna manera predecir a dónde nos va a llevar, indiferentemente de si es algo positivo para nosotros o no. Podemos movernos por ese paisaje interno y externo con facilidad. Ese lugar despierta en nosotros ciertas conexiones neuronales internas que hemos transitado una y otra vez con anterioridad. Por ello, se han convertido en patrones o respuestas ya grabadas en nuestro subconsciente, haciendo que sea esa parte de nosotros, el subconsciente, el que recree y experimente nuevamente nuestra realidad. 

Ahora bien, somos seres creativos. Cada vez entendemos más esa delgada línea entre nuestro mundo externo y el interno; como aquello que vivimos nace o es reflejo de aquello que pensamos y sentimos y como nuestra naturaleza creativa, a menudo nos llama a despertar desde esa necesidad de cambio o reinvención. A veces ese llamado es interno y le hacemos caso; otras veces, cuando no escuchamos nuestra voz interior, nos llega en forma de algún evento externo que nos saca inmediatamente de nuestra zona de confort.

Hay que aclarar que no hay nada malo en la comodidad, no hay nada malo en querer sentirse seguros. Por lo contrario, la zona de confort es un lugar dulce y plácido en donde podemos y debemos estar en paz. Pero también hay que entender que a veces esa zona de confort no la elegimos nosotros, nos fue impuesta por condicionamiento social y por aquello que aprendimos de los demás. Y que si queremos crear una zona de confort, es decir, queremos que aquello que deseamos, aquello que nuestra alma llama a experimentar, sea algo natural para nosotros, primero tenemos que caminar un rato por la incomodidad. Sí, la incomodidad debe ser sentida, transitada, entendida. Por que solo en la incomodidad, en la incertidumbre, en el dulce espacio del momento presente, en aquel lugar donde no podemos predecir lo que será, es donde podemos ser o crear una nueva realidad.

Ante la incomodidad hay que rendirse, ella nos invita a habitarla en plena conciencia, abrazando cada nueva sensación. Esta incomodidad quiere ser trascendida y para ello solo podemos atravesarla. La incomodidad es parte de ser humanos y va a estar queramos o no. Podemos elegir adentrarnos en ella o podemos ver como ella llega a nuestras vidas a pesar de no haber sido invitada.

Una práctica que a mi me ayuda mucho a transitar la incomodidad es Yin Yoga, aunque cualquier práctica que te permita acceder al sentir de manera profunda es una buena herramienta para alquimizar lo incómodo y volverlo cómodo.

En Yin Yoga permanecemos en posturas durante largos periodos de tiempo que suelen oscilar entre tres y cinco minutos, aquietamos el cuerpo para profundizar en la respiración y encontrarnos con el silencio de la mente. Durante este tiempo de aparente quietud, mucho puede moverse internamente y probablemente resulte incómodo, ya sea física o emocionalmente, sostener las sensaciones. Pero lo hacemos, respiramos a través de ellas, vamos poco a poco relajándonos ante la marea de emociones, vamos llevando atención y respiración plena hacia ellas. Estas, poco a poco, van perdiendo fuerza y nos llevan a un estado de comodidad completamente nuevo.

Esta es la experiencia que ganamos en la práctica, que nos permite crear nuevos caminos neuronales, y a la que podemos acudir fuera del tapete, para fortalecer todavía más la práctica de la creatividad. Así podremos transitar lo incómodo para volverlo cómodo, habitar en el presente y abrirnos a las millones de oportunidades que lo desconocido alberga.

Acerca del maestro

Paty Abad es una de las maestras más reconocidas en México con el estilo de Yin Yoga. Lleva más de 11... Leer más

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